Alejandro Darío Pérez dice que estuvo trabajando con su remise cuando el juez Héctor Agustín Aráoz fue acribillado la tarde del 26 de noviembre de 2004 en su casa de Yerba Buena. Y puso como testigo de su coartada a un ex compañero, Benjamín González. Éste, sin embargo, no respaldó la versión y aseguró que sólo vio a Pérez trabajando cerca del mediodía, varias horas antes de que el magistrado fuera asesinado. "Estás equivocado; no podés decir que fue a la mañana", insistió Pérez durante un careo. Aún así, González se mantuvo en sus dichos y dejó mal parado a su ex colega.

Aráoz, que era titular del Juzgado de Menores Nº I, recibió 10 balazos en su casa de avenida Aconquija 2.950. Por los datos que brindaron algunos vecinos, se cree que los disparos fueron efectuados cerca de las 17.30. Pérez (que está acusado de homicidio agravado junto a la ex agente Ema Gómez) sostiene que esa tarde ni siquiera estuvo en Yerba Buena. Incluso, afirmó que González había charlado con él esa tarde en la puerta de la remisería mientras aguardaban pedidos. "En un momento, sonó su teléfono y me lo pasó pidiéndome que atienda, que era una ?mina? que lo tenía cansado", dijo ayer el testigo.

Según él, una voz de mujer le decía que buscaba a Pérez, que se sentía mal. Esas palabras, se supone, las dijo Ema Gómez. Cuando González "mintió" que su compañero no estaba, ella lo maltrató. "Yo nunca me identifiqué, ni dije que Pérez se había ido a Yerba Buena con un viaje", aseveró ayer. La ex agente sostiene que el testigo le había dicho todo lo contrario.

La versión de González se contradecía con la de Pérez, quien afirmó que el llamado fue a las 15.37. "Así figura en el registro de las empresas telefónicas. No podés decir que fue a la mañana", le dijo el ex policía durante un careo. "Yo hacía viajes llevando a chicos al colegio. Fue antes del mediodía. Yo a la siesta no trabajé, no estuve en la remisería", le contestó González sin dudar. Si el testigo está confundido o si Pérez acomodó su versión a los registros de llamados, sólo se sabrá con el tiempo.

Una relación laboral

El subcomisario Juan Antonio Herrera, actualmente en disponibilidad por una causa sobre presunta extorsión, era tercer jefe de la comisaría de Banda del Río Salí cuando el juez fue asesinado. Era subordinado del ex comisario Rodolfo Domínguez, y estaba a cargo de Andrés Fabersani y Rubén Albornoz, acusados de encubrir el crimen. "Sólo había una relación laboral", aclaró ante los jueces Pedro Roldán Vázquez, Carlos Norry y Emilio Páez de la Torre.

Herrera recordó un procedimiento que se realizó aquel día en la escuela Tiburcio Padilla, donde fueron detenidos dos menores. Este episodio es la coartada de Fabersani para decir que no estuvo en la casa del juez. Pero los horarios que mencionó su ex colega no coincidían con el registro de libro de guardia. "Pasaron muchos años, no recuerdo todo con exactitud", se excusó el testigo. La fiscala Juana Prieto de Sólimo no le creyó. "Si este policía sigue mintiendo, voy a solicitar que se lo investigue por falso testimonio. "Yo no miento", aseveró Herrera.

El testigo Ángel Manuel Acevedo era secretario del juez Aráoz. "Trabajé con él solamente 10 días", dijo. Y contó que el magistrado no estaba demasiado conforme con su incorporación, ordenada por la Corte: "él decía que lo estaban vigilando, pero a mí no me consta eso". También mencionó algo que hasta ahora no había surgido en la causa. "Con el juez tuvimos una conversación por un oficio trucho que había llegado desde la seccional 3ª. Se trataba de la entrega de un menor que estaba alojado en esa comisaría. Aráoz me ordenó que hiciera una investigación. Yo llamé a los policías, hice todo lo que se podía hacer y pasé la causa a la Fiscalía X. No sé que habrá pasado después con todo eso", narró. Pero luego aclaró: "nadie me dijo que el D2 lo estuviera persiguiendo".